Las autoridades alemanas y expertos marinos anunciaron este domingo la decisión de suspender cualquier intervención activa en el rescate de la ballena jorobada que, tras quedar varada por segunda vez en la costa del Báltico, logró liberarse por sus propios medios durante la noche. El ministro de Medio Ambiente de Mecklemburgo-Antepomerania, Till Backhaus, confirmó el establecimiento de una zona de exclusión de 500 metros alrededor del cetáceo para permitirle recuperar fuerzas, con la esperanza de que emprenda el camino hacia el Mar del Norte sin la irritación de embarcaciones o presencia humana.
A pesar de la tregua otorgada al animal, el pronóstico es reservado y poco optimista. Burkard Baschek, director del Museo Alemán del Mar, advirtió que la piel de la ballena está deteriorada y su estado físico es de debilidad extrema, lo que eleva significativamente el riesgo de que vuelva a encallar en aguas poco profundas. No obstante, el sacrificio ha sido descartado por completo, ya que especialistas de la Facultad de Veterinaria de Hannover señalaron que no existe un método rápido que garantice una muerte sin sufrimiento adicional para un ejemplar de tal magnitud.
La odisea del cetáceo comenzó el pasado lunes en la bahía de Lübeck; tras ser liberada inicialmente mediante el dragado de un canal, volvió a quedar atrapada en la bahía de Wismar. Los expertos coinciden en que el hecho de que se haya liberado sola en dos ocasiones, aprovechando el silencio nocturno, es la única señal de esperanza. Por ahora, el gobierno alemán se prepara para «el peor de los escenarios», manteniendo una vigilancia pasiva mientras la naturaleza dicta el destino final de la jorobada en las gélidas aguas del norte de Alemania.