La Secretaría de Salud de Querétaro encendió las alertas sanitarias este lunes al confirmar el primer caso humano de gusano barrenador en la entidad. Martina Pérez Rendón, titular de la dependencia, informó que el paciente es un adulto mayor localizado en una clínica de Ocotitlán, quien presentaba heridas crónicas expuestas debido a una situación de abandono, factores que permitieron a la mosca *Cochliomyia hominivorax* depositar sus huevos en el tejido vivo. El hombre fue trasladado de urgencia al Hospital General de Cadereyta, donde tras un proceso de limpieza de lesiones y tratamiento antiparasitario, fue dado de alta el pasado 1 de mayo bajo estricta vigilancia médica.
La gravedad del hallazgo radica en que no existían registros previos de animales infectados en la comunidad rural del paciente, lo que sugiere una presencia silenciosa del parásito en la región. El ciclo de esta plaga es devastador: las larvas penetran profundamente en la piel sana, alimentándose de tejido vivo y provocando desde fiebres intensas hasta necrosis o infecciones bacterianas secundarias que pueden ser mortales si no se intervienen quirúrgicamente. Ante este escenario, autoridades agropecuarias y sanitarias han iniciado una búsqueda exhaustiva de focos de infección para determinar el origen del contagio y evitar una propagación mayor.
Este caso humano se suma a una crisis sanitaria que ya afecta al sector ganadero y de mascotas en el país, con más de 400 casos documentados en lo que va de 2026, principalmente en los estados del norte. El avance de la plaga ha forzado a la Secretaría de Agricultura y al SENASICA a intensificar las campañas nacionales de erradicación, mientras especialistas de la UNAM colaboran en programas de detección temprana. La capacidad de reproducción acelerada del gusano barrenador no solo representa una amenaza para la salud pública, sino un riesgo latente para la economía rural y la seguridad alimentaria en México.
Las autoridades sanitarias hicieron un llamado urgente a la población, especialmente en zonas rurales y climas tropicales, para mantener heridas cubiertas y vigilar constantemente al ganado y animales domésticos. Las primeras señales de alerta incluyen inflamación, secreción sanguinolenta y la visualización de larvas blancas emergiendo de la piel. Con la confirmación de este primer caso en Querétaro, la narrativa de que el parásito afectaba exclusivamente al ganado queda superada, colocando a la vigilancia epidemiológica en una carrera contra el tiempo para contener una plaga que ya ha cruzado la barrera entre especies.