La cumbre también sirvió para trazar una hoja de ruta económica que busca evitar nuevas guerras arancelarias. Con la presencia de figuras como Elon Musk y Tim Cook, se discutieron mecanismos para ampliar el acceso de empresas estadounidenses al mercado chino y aumentar las compras de aviones de pasajeros y productos agrícolas por parte de China. Un punto destacado fue el interés de Xi en adquirir más crudo estadounidense, una maniobra que no solo busca reducir la dependencia china del petróleo proveniente del Golfo Pérsico, sino también equilibrar la balanza comercial con Washington bajo la supervisión de un nuevo comité bilateral. Sin embargo, el consenso internacional se vio empañado por las profundas diferencias respecto a Taiwán. Mientras los reportes chinos aseguran que Xi advirtió a Trump que el manejo de la isla es el eje de la estabilidad bilateral, la Casa Blanca omitió cualquier mención al tema en su comunicado oficial. Esta discrepancia informativa ocurre en un contexto tenso, tras la autorización de Trump para un paquete de armas de 11 mil millones de dólares para Taiwán, cuya entrega sigue pendiente y representa el mayor obstáculo para una relación diplomática fluida entre las dos potencias. Finalmente, aunque la cumbre en el Gran Palacio del Pueblo mostró avances en la cooperación contra el tráfico de precursores de fentanilo, el optimismo es moderado. No se anticipan resoluciones definitivas en temas tecnológicos o en la resolución inmediata de la guerra con Irán. Tras dos horas de conversación, el encuentro dejó claro que, si bien existe un frente unido contra las ambiciones nucleares iraníes por conveniencia económica, la rivalidad estratégica por el control de Taiwán y el liderazgo tecnológico sigue siendo el «elefante en la habitación» que impide un acuerdo global de largo alcance.
La cumbre también sirvió para trazar una hoja de ruta económica que busca evitar nuevas guerras arancelarias. Con la presencia de figuras como Elon Musk y Tim Cook, se discutieron mecanismos para ampliar el acceso de empresas estadounidenses al mercado chino y aumentar las compras de aviones de pasajeros y productos agrícolas por parte de China. Un punto destacado fue el interés de Xi en adquirir más crudo estadounidense, una maniobra que no solo busca reducir la dependencia china del petróleo proveniente del Golfo Pérsico, sino también equilibrar la balanza comercial con Washington bajo la supervisión de un nuevo comité bilateral. Sin embargo, el consenso internacional se vio empañado por las profundas diferencias respecto a Taiwán. Mientras los reportes chinos aseguran que Xi advirtió a Trump que el manejo de la isla es el eje de la estabilidad bilateral, la Casa Blanca omitió cualquier mención al tema en su comunicado oficial. Esta discrepancia informativa ocurre en un contexto tenso, tras la autorización de Trump para un paquete de armas de 11 mil millones de dólares para Taiwán, cuya entrega sigue pendiente y representa el mayor obstáculo para una relación diplomática fluida entre las dos potencias. Finalmente, aunque la cumbre en el Gran Palacio del Pueblo mostró avances en la cooperación contra el tráfico de precursores de fentanilo, el optimismo es moderado. No se anticipan resoluciones definitivas en temas tecnológicos o en la resolución inmediata de la guerra con Irán. Tras dos horas de conversación, el encuentro dejó claro que, si bien existe un frente unido contra las ambiciones nucleares iraníes por conveniencia económica, la rivalidad estratégica por el control de Taiwán y el liderazgo tecnológico sigue siendo el «elefante en la habitación» que impide un acuerdo global de largo alcance.