Por: Antonio Vargas

Vamos a hablar de lo que pasa siempre que hay campañas políticas en nuestro país, o mejor dicho, del mal de nunca acabar que padecemos los ciudadanos cada vez que se acerca un proceso electoral. Hablo de la encuestitis, esa epidemia de llamadas telefónicas y mediciones que ya nos tiene hasta el gorro y que lo único que hace es confundir al pueblo con cifras manipuladas. No se trata de un solo partido político, sino de todos en su mayoría, que en este momento de procesos internos saturan los celulares privados de la gente con preguntas sobre quién debería gobernarnos o quién de los aspirantes es el favorito.

En Chihuahua la situación ya es insoportable y un gran número de ciudadanos reporta el acoso diario por parte de encuestadoras vinculadas a Morena y al PAN. Las llamadas automatizadas insisten a cualquier hora del día preguntando cuál de tal o cual candidato o «suspirante» debería ser el indicado para contender por la alcaldía de la capital o por la gubernatura del estado, los cargos clave que estarán en juego el próximo año. Mientras el ciudadano intenta seguir con su rutina diaria, el teléfono no deja de sonar para alimentar una simulación estadística que a nadie en la calle le importa.

La pregunta de fondo que nos debemos hacer es muy sencilla y a la vez indignante si revisamos las prioridades de la comunidad. ¿Por qué todo ese recurso millonario que se gasta en armar encuestas telefónicas no se utiliza para lo que verdaderamente importa, como la seguridad, el acceso a los servicios básicos o mejorar las condiciones de vida de las familias chihuahuenses? El pueblo está harto de tanta encuesta inútil y de que el dinero que debería estar pavimentando calles o vigilando colonias termine en los bolsillos de consultores políticos dedicados a endulzarle el oído a los políticos.

Si tú recibes una de estas llamadas y no te interesa participar en este burdo inflamiento de ego de los aspirantes, la solución es clara y contundente. Hay que entender que estas mediciones regularmente son pagadas por los propios personajes y ni siquiera por los partidos políticos para elegir de manera democrática a sus candidatos. Son caprichos personales para saber cómo van en su popularidad, por lo que la recomendación es bloquear el número de inmediato y levantar la voz para exigir que no se use el recurso público en alimentar la vanidad de los políticos.

Por moneroVB