Por: Tony Vargas

Actualmente, todos los que nos encontramos en el mundo digital que, seamos honestos, en este milenio es prácticamente toda la humanidad, salvo quien viva como un ermitaño en la punta de una montaña— dependemos por completo de los dispositivos electrónicos, especialmente de los celulares y las computadoras. Y es justamente de eso de lo que quiero hablar: de cómo nos encontramos, hoy más que nunca, profundamente vulnerables ante situaciones que nos pueden dejar desprotegidos virtualmente.

Cuando nos vulneran en el entorno digital, el golpe no es físico; es un daño moral, emocional y económico de una enorme gravedad. Hay hackers y personas que se dedican exclusivamente a romper la seguridad de las cuentas que los mexicanos más usamos en nuestro día a día: Facebook, Instagram y, principalmente, WhatsApp.

Estos criminales se han dado cuenta de algo clave: somos muy descuidados. Así como en nuestra vida cotidiana jamás nos iríamos de casa ni nos iríamos a dormir sin echarle llave a la puerta para evitar que alguien se meta, en el mundo digital operamos con una total falta de precaución.

Confiamos de manera ciega en nuestros dispositivos, asumiendo que son seguros por defecto, hasta que nos vulneran. En un segundo, toda una vida contenida en una pantalla; fotos, contraseñas, documentos importantes de la escuela, del trabajo o personales, se puede ir al carajo por no tener el mismo cuidado que le ponemos a la puerta de nuestra casa.

A esto se suma otra realidad bastante frustrante para cualquier usuario: el monopolio de las grandes empresas de comunicación.

Cuando sufres un hackeo y buscas recuperar tu identidad digital, estas corporaciones ya no responden de forma humana; delegan toda la responsabilidad a *chatbots* e inteligencia artificial. Son robots atendiendo quejas de personas que están viviendo una crisis real, dejándolas en un laberinto sin salida.

Ante este panorama, no basta con la precaución individual. Se requiere voluntad política y una estrategia integral que incluya:

-Programas de educación digital:

Promovidos desde los gobiernos para enseñarnos activamente a proteger nuestro entorno, nuestras cuentas bancarias y nuestros perfiles personales.

-Leyes y regulación estricta:

Marcos legales severos que persigan y castiguen con fuerza las prácticas criminales actuales. Entre ellas, el *phishing* (la suplantación de identidad para robar datos), el *malware* (software malicioso para secuestrar información), el *ransomware* (extorsión digital) o la ingeniería social, que es cuando manipulan al usuario para que él mismo entregue sus accesos.

Vivimos en un mundo casi en su totalidad digitalizado y no se trata de huir de él, sino de aprender a convivir con la tecnología de una manera mucho más segura. Tenemos que entender que si no protegemos las cerraduras de nuestro entorno virtual con la misma atención que las de nuestro hogar, tarde o temprano, alguien se va a meter y nos lo va a robar todo.

Por moneroVB