Las hostilidades entre Estados Unidos e Irán se reactivaron con fuerza por segundo día consecutivo, reavivando el temor en los mercados internacionales ante una inminente guerra abierta. El Comando Central estadounidense bombardeó cerca de 90 objetivos estratégicos en territorio iraní, incluyendo depósitos de misiles, drones, sistemas de defensa aérea y vías ferroviarias clave, con el propósito de mermar la capacidad de Teherán para hostigar el transporte marítimo comercial. En una respuesta inmediata, la República Islámica atacó bases militares de la Unión Americana en Baréin, Kuwait y Qatar, provocando que el tránsito por el Estrecho de Ormuz, el corredor energético más importante del planeta, quedara prácticamente paralizado.

Esta escalada de violencia sepultó el acuerdo provisional de paz firmado hace apenas tres semanas, el cual contemplaba una tregua de 60 días para negociar temas críticos como la liberación de fondos congelados y el control de las vías marítimas. En represalia por las agresiones, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró terminado el alto al fuego y revocó las exenciones que permitían la venta de petróleo iraní, amenazando además con un bloqueo total a sus puertos e infraestructura eléctrica. Aunque los precios internacionales del crudo Brent registraron fuertes fluctuaciones tras dispararse más de un cinco por ciento, la parálisis diplomática actual mantiene en vilo la economía global, mientras Irán sepulta a su fallecido líder supremo Alí Khamenei bajo la promesa de multiplicar por veinte cada golpe recibido.

Por moneroVB