Por: Tony Vargas
Apenas hace unos días familiares y amigos identificaron a Paola Jessica Sotelo Nevarez, una joven madre que fue brutalmente asesinada y abandonada en la carretera a Cuauhtémoc, dejando huérfanas a sus hijas tras haber salido una noche sin imaginar que sería la última. Sus restos óseos fueron reconocibles por el tipo de manicura que usaba, una pista infalible tras meses de desaparición.
Este es solo el caso más reciente de los cientos documentados en Chihuahua durante los últimos 16 años, tiempo que se cumple desde que a Marisela Escobedo le arrebataron la vida un 16 de diciembre de 2010 frente a Palacio de Gobierno por exigir justicia para su hija Rubí Marisol, asesinada en 2008 por Sergio Rafael Barraza Bocanegra.
Marisela se volvió un referente de lucha al levantar la voz e incomodar a las altas esferas, pero esta semana su nombre volvió a resonar debido a los ataques de Ruth Sánchez, presidenta de Mujeres Iniciativa Chihuahua y vinculada a la extrema derecha del partido azul, quien desató la indignación en su programa “De Voz en Voz” al declarar textualmente: “Me revienta ver la placa de esta señora… cuando ella misma permitió que su hija menor de edad viviera con su agresor”, y rematar diciendo que si hubiera tenido el coraje de arrebatarla, no habría muerto en la puerta del Gobierno.
Esta cruel revictimización no solo lastima a la memoria de Marisela y Rubí, sino a sus hijos que aún superan el duelo y a las cientos de madres que hoy buscan a sus hijas o que ya perdieron la esperanza ante la impunidad. Para el CEDEHM, estas expresiones de la líder provida y antiwoke constituyen actos de discriminación y violencia que rebasan los límites de la libertad de expresión, pues trasladan la culpa del daño a quien lo sufre y justifican la violencia de género sugiriendo que en algún grado las víctimas la merecen.
Este tipo de razonamientos perversos no son ajenos a la agresión, sino el cimiento que la sostiene; decir que se lo buscó o que no debió estar ahí es exactamente el mismo pretexto con el que todo delincuente intenta justificarse ante la sociedad. Por ello, las expresiones de Ruth Sánchez no solo hieren, sino que legitiman públicamente la misma lógica violenta que fingimos combatir.
Ahora tocará ver qué decide el Consejo Consultivo de Perspectiva Familiar respecto al cargo que ella ostenta, y evaluar si esos dichos representan la visión oficial de la familia en el estado, pues estos personajes deben dejar de ocupar espacios públicos y de difundir mensajes de odio disfrazados de moralidad.