Por: Juan González

Es increíble que, como ciudadanos, hemos perdido la capacidad de asombro ante las acciones aberrantes de la política mexicana. Pudiera decir que esto es algo nuevo, pero tristemente es algo tan común que ya nada nos sorprende; al contrario, hemos normalizado tanto el desprestigio político, al nivel de que todo pareciera ser un espectáculo de comedia, pero es la realidad de la política mexicana.

Desprestigiar algo es difícil; la política no significa únicamente cometer actos de corrupción. También significa convertir el servicio público en espectáculo, utilizar el poder para el enfrentamiento permanente, justificar lo injustificable y exigir a los ciudadanos que acepten como normal aquello que debería indignarlos.

¿En qué momento se creó una conferencia mañanera en donde llevan artistas que cantan narcocorridos y canciones que denigran a la mujer, en un país con problemas de narcotráfico y uno de los mayores índices de violencia contra la mujer y, peor aún, en compañía de la presidenta de la República?

¿En qué momento el presidente dejó de trabajar para ponerse a dar conferencias? ¿En qué momento una consulta popular canceló el aeropuerto con más desarrollo en América? ¿En qué momento se hacen listas en contra de los periodistas, pero hay presidentes municipales, senadores y gobernadores ocultos y no investigados por vínculos con el narcotráfico?
Sí, al momento de redactar esta columna hasta me dio miedo seguir mencionando las incongruencias del gobierno, y eso que omití muchas de las acciones de diversos partidos y actores políticos.

Tan desprestigiada está la política que, hace un par de semanas, al hijo del expresidente López Obrador, “Andy” López Beltrán, le fue retirada su visa por presuntos vínculos con el crimen organizado. Más allá de que existan o no elementos que sustenten las acusaciones que han circulado, lo que sí es de sorprender es el descaro político con que diversos actores políticos y el gobierno actúan.

El gobierno mexicano ha mencionado que las acciones son por cuestiones políticas y por defensa de la soberanía nacional, siendo la soberanía ya un comodín en todas las justificaciones que emanan de Palacio Nacional. Pero lo aberrante es que a “Andy” López se le ocurrió emitir una carta al presidente Trump, mencionando que la acción de retirar su visa fue por temas políticos. A ese nivel está la política mexicana.

En la política mexicana nadie quiere asumir responsabilidades. Ante cualquier señalamiento, todos terminan siendo víctimas, se habla de persecución política y se desvía la atención de lo verdaderamente importante: esclarecer los hechos, colaborar con las investigaciones, buscar la verdad y la justicia.

Ante el desprestigio actual de la política hay dos caminos: el primero, y quizá el más sencillo, es cruzarse de brazos y dejar que la corriente nos lleve a tolerar, no cuestionar y no participar en la búsqueda de un cambio. El segundo es más complejo: nadar contra corriente. Muchas veces ese camino es más difícil, más castigado y quizá ni siquiera trae consigo un beneficio personal. Pero al menos nos permite algo que hoy parece cada vez más escaso: actuar con congruencia y principios, con la convicción de que todavía es posible dignificar la política.

Por moneroVB