La Federación de Fútbol de Irán ha puesto sobre la mesa una serie de exigencias innegociables para asegurar la presencia de su selección en el Mundial 2026, que arranca el próximo 11 de junio. Mehdi Taj, presidente del organismo, demandó garantías plenas de visado para todo el plantel y cuerpo técnico, haciendo especial énfasis en jugadores como Mehdi Taremi y Ehsan Hajsafi, quienes cumplieron su servicio militar en el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), grupo catalogado como terrorista por Estados Unidos y Canadá. Además, Teherán exige respeto absoluto a sus símbolos patrios y medidas de seguridad reforzadas, en un contexto donde el presidente Donald Trump ha declarado abiertamente que no puede garantizar la integridad física de la delegación iraní en territorio estadounidense.

 

Pese a que la FIFA rechazó las peticiones de Irán para trasladar sus encuentros a sedes en México, el combinado persa mantiene su base en Tucson, Arizona, donde deberá enfrentar a Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto. La incertidumbre crece ante la postura del secretario de Estado, Marco Rubio, quien abrió la posibilidad de negar visados a miembros con lazos militares, lo que Irán interpreta como un boicot político disfrazado de burocracia. Mientras tanto, el Ministerio de Exteriores iraní estudia una propuesta de paz enviada por Washington para frenar el conflicto bélico actual, advirtiendo que la respuesta deportiva y la diplomática caminan por la misma cuerda floja de cara a la justa mundialista más tensa de la historia reciente.

 

Por moneroVB