El presidente de Rusia, Vladímir Putin, arribó a Beijing para iniciar una visita oficial de dos días destinada a robustecer la cooperación estratégica y el suministro de hidrocarburos con su homólogo chino, Xi Jinping. El viaje del mandatario ruso se concreta apenas una semana después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, visitara la capital china para presionar en materia comercial. Para blindar el encuentro en el plano diplomático, ambos líderes intercambiaron cartas de felicitación con motivo del 30° aniversario de la asociación entre sus naciones, calificando la relación bilateral como un factor de estabilidad mundial sin precedentes que no busca alinearse en contra de terceros países.
La agenda bilateral prioriza la consolidación de megaproyectos de infraestructura, destacando las negociaciones para la construcción del gasoducto terrestre Power of Siberia 2, una vía que conectaría a Rusia con China a través de Mongolia para asegurar el flujo energético sin depender de las rutas marítimas de Oriente Medio. Moscú urge la activación de este canal debido a la incesante campaña de ataques ucranianos contra sus refinerías, mientras que Beijing busca diversificar sus importaciones ante los riesgos globales de desabasto. A diferencia del protocolo formal implementado con Trump, Xi recibió a Putin bajo el tratamiento afectuoso de viejo amigo, proyectando una solidez estructural que no requiere de reafirmaciones públicas para demostrar la vigencia de su alianza.
El trasfondo de la cumbre está marcado por la necesidad de Putin de evaluar los alcances de los recientes acuerdos entre China y Estados Unidos, especialmente luego de que Trump afirmara que Beijing comprará crudo norteamericano para saciar su demanda. Aunque China mantiene una postura de neutralidad formal y no ha condenado la invasión a Ucrania, el Kremlin encuentra tranquilidad en el hecho de que la cumbre Xi-Trump concluyó sin avances concretos que vulneren los intereses rusos. Sin embargo, persisten matices de divergencia geopolítica respecto a la guerra en Oriente Medio, pues mientras China exige la liberación inmediata de las vías marítimas en el estrecho de Ormuz para proteger su economía, Rusia se ha beneficiado indirectamente del conflicto por el aumento en el valor de sus suministros.
La visita concluirá con la firma de una declaración conjunta que delineará el rumbo de la cooperación económica y militar en un contexto internacional de alta polarización. El canciller ruso, Serguéi Lavrov, anticipó que su gobierno está en condiciones de compensar cualquier escasez energética que sufra el gigante asiático a causa de las tensiones bélicas globales. La implicación de este encuentro en Beijing deja en claro que, pese a las ofertas comerciales de la Casa Blanca, el bloque euroasiático mantendrá un frente común de resistencia económica, consolidando un mercado cautivo de energéticos que financia de manera directa el esfuerzo de guerra del Kremlin frente a las sanciones de occidente.