MONERÍAS

¿Y la Sierra de Juárez, Brenda? 

Hay silencios que pesan más que un discurso…….. Y luego….. está el silencio de la diputada local de Morena, Brenda Ríos, quien ha construido buena parte de su imagen pública bajo la bandera del ambientalismo, (aunque de los contratos de impacto ambiental del Tren Maya no ha dicho nada… donde, esos que salieron de un edificio de la ciudad de Chihuahua, de acuerdo a ambientalistas)  pero que hoy guarda absoluto mutismo frente a uno de los mayores procesos de devastación ambiental que enfrenta Chihuahua, la destrucción sistemática de la Sierra de Juárez.

Mientras en Chihuahua capital cualquier árbol derribado merece ruedas de prensa, posicionamientos y conferencias, en Ciudad Juárez la realidad es infinitamente más grave.

De acuerdo con información difundida por el colectivo ambientalista Sierra de Juárez, actualmente existen alrededor de 900 hectáreas destinadas a la extracción de materiales, una superficie equivalente a casi tres veces El Chamizal o veinte veces el Parque Central, de las cuales aproximadamente el 66 por ciento permanece abandonado, dejando cicatrices permanentes sobre el ecosistema.

Pero las pedreras apenas representan una parte del problema.

Los propios habitantes de ambos lados de la frontera, mexicanos y estadounidenses, llevan tiempo denunciando una larga lista de agresiones contra la Sierra de Juárez: desmontes, cementeras, extracción de materiales, asentamientos irregulares, saqueo ambiental, desarrollos inmobiliarios, tiraderos clandestinos, contaminación doméstica, industrial y médica, contaminación acústica, eventos masivos y proyectos de infraestructura que, según los propios ambientalistas, terminarían por romper la conectividad biológica entre la sierra, el Río Bravo y otras cadenas montañosas.

Las imágenes difundidas por el colectivo muestran un panorama difícil de ignorar: enormes bancos de extracción que modifican completamente el paisaje, montañas convertidas en canteras, basureros clandestinos y obras que avanzan sobre una zona considerada de alto valor ecológico.

Y, sin embargo, Brenda Ríos no ha dicho absolutamente nada.

Lo verdaderamente llamativo no es únicamente el silencio de una legisladora que presume defender el medio ambiente. Lo verdaderamente preocupante es que, dentro de la propia bancada de Morena en el Congreso del Estado, pareciera existir una enorme resistencia a tocar cualquier asunto que implique exhibir lo que ocurre en la administración municipal de Cruz Pérez Cuéllar en Ciudad Juárez.

Porque si alguien esperaba que la Sierra de Juárez fuera el tema más incómodo para el alcalde fronterizo, probablemente se equivoca.

La devastación ambiental ni siquiera sería la cereza del pastel.

Ahí permanece otro episodio que tampoco ha encontrado eco entre quienes hoy levantan la voz selectivamente, el esquema de comercialización de viviendas del Infonavit en Ciudad Juárez.

Fue el propio Juan Carlos Loera, entonces delegado del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador en Chihuahua y hoy senador, quien denunció públicamente que miles de viviendas originalmente valuadas en alrededor de 150 mil pesos terminaron comercializándose mediante un esquema donde, según sus señalamientos, nunca quedó claro a qué sobreprecio eran revendidas. Loera cuestionó además el papel que habría desempeñado el entonces alcalde Cruz Pérez Cuéllar como intermediario, mediante la contratación de una empresa inmobiliaria para la reventa de esos paquetes habitacionales.

Aquellas denuncias hicieron ruido durante algunos días.

Después vino el silencio.

El mismo silencio que hoy rodea la destrucción de la Sierra de Juárez.

El mismo silencio que también acompañó otro episodio incómodo, el proyecto del campo de golf dirigido a ciudadanos estadounidenses en pleno desierto chihuahuense, asunto sobre el cual Brenda Ríos tampoco asumió una postura pública con la misma intensidad que suele hacerlo en otros temas ambientales.

Y es precisamente ahí donde comienza a romperse una narrativa.

La defensa del medio ambiente no puede convertirse en una herramienta de oposición y mucho menos en un instrumento de conveniencia partidista.

Si la devastación de la Sierra de Juárez merece denuncias ciudadanas, estudios técnicos y llamados urgentes de organizaciones ambientalistas, entonces también merece la atención de quienes dicen representar esas causas desde el Congreso.

De lo contrario, la conclusión resulta inevitable…….. el problema nunca fue el medio ambiente.

Por MoneroMx