Mientras miles de aficionados celebraban la reapertura del Estadio Banorte entre luces y ovaciones, la voz de Brenda Valenzuela rompió el ambiente de fiesta para recordar la deuda de sangre que México mantiene con las familias de los desaparecidos. La madre buscadora, originaria de Durango, se manifestó a las afueras del antiguo Coloso de Santa Úrsula para exigir justicia por su hijo, Carlos Emilio Galván Valenzuela, de 21 años, quien fue visto por última vez el 5 de octubre de 2025 en Mazatlán, Sinaloa, dentro de un centro nocturno propiedad de un funcionario estatal.

Brenda denunció el contraste lacerante entre la eficiencia logística desplegada para eventos deportivos masivos y la absoluta inoperancia de las fiscalías para localizar a los ciudadanos. «Es inaceptable que se organicen celebraciones sin saber quién falta en las mesas», sentenció la manifestante, quien aprovechó el foco mediático del estadio para evidenciar que el entretenimiento no puede servir de cortina de humo ante una crisis humanitaria que suma miles de casos sin resolver en todo el país.

La desaparición de Carlos Emilio en la «Terraza Valentino» —establecimiento ligado a Ricardo Velarde, entonces secretario de Economía de Sinaloa— añade un matiz de impunidad política al caso, pues a meses de la tragedia, la Fiscalía de Sinaloa no ha reportado avances significativos. Para Brenda, su presencia en la capital no es solo por su hijo, sino por las miles de madres que enfrentan el olvido oficial; su protesta es un llamado urgente a la conciencia social para no normalizar que, mientras el balón rueda, las investigaciones permanezcan estancadas bajo el peso de la indiferencia institucional.

Por moneroVB