La Fiscalía de Distrito Zona Occidente logró la vinculación a proceso de Uziel V. S., de 21 años, acusado de una brutal serie de agresiones físicas y psicológicas contra su expareja y un menor de apenas un año y 10 meses de edad.
El horror salió a la luz tras revelarse que el niño presenta huellas de tortura sistemática, con heridas recientes y antiguas en todo el cuerpo, además de una deformidad evidente en el fémur izquierdo que le impide mantenerse de pie, producto de la violencia extrema ejercida en su domicilio en el poblado de Tomochi, municipio de Guerrero.
Según las indagatorias ministeriales, el imputado mantuvo bajo un régimen de terror y «actos de poder» a las víctimas entre el 7 y el 21 de marzo de 2026, utilizando la agresión física como método de control hacia la mujer y el infante.
Un Juez de Control consideró suficientes los datos de prueba presentados por el Ministerio Público para dictar el auto de vinculación por los delitos de violencia familiar agravada y lesiones agravadas calificadas, dejando al agresor tras las rejas mientras se dicta una sentencia definitiva por el daño irreversible causado al pequeño.
Este caso evidencia la vulnerabilidad de las infancias en las zonas rurales del estado y la tardía detección de entornos domésticos violentos que terminan en tragedias físicas permanentes.
La Fiscalía reiteró que, aunque el proceso judicial sigue su curso, la prioridad es garantizar la seguridad de las víctimas y llevar el castigo al máximo rigor de la ley para quien, en lugar de proteger, se convirtió en el verdugo de un bebé que hoy no puede caminar.
El imputado se presume inocente hasta que se declare su responsabilidad, pero la evidencia forense sobre el cuerpo del menor es, hasta ahora, el testimonio más contundente del infierno vivido en Tomochi.