El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una dura ofensiva retórica contra el canciller alemán, Friedrich Merz, tras las críticas de este último sobre la gestión de la crisis en Oriente Medio. A través de sus redes sociales, Trump rechazó tajantemente la postura de Berlín, asegurando que el canciller alemán ignora los riesgos globales de un Irán con armamento nuclear. «Si Irán tuviera un arma nuclear, el mundo entero sería rehén», sentenció el mandatario estadounidense, quien además aprovechó para cuestionar la situación económica de Alemania como resultado de lo que calificó como «debilidad estratégica».
La confrontación escaló luego de que Merz manifestara su «desilusión» por la falta de una hoja de ruta clara en las operaciones militares de Washington y Tel Aviv. Durante un acto en Marsberg, el canciller alemán advirtió sobre el peligro de involucrarse en conflictos sin una estrategia de salida, citando los precedentes de Irak y Afganistán. Merz fue especialmente punzante al señalar que Teherán está «humillando» a la nación estadounidense al dilatar las negociaciones en escenarios como Islamabad, dejando a los diplomáticos norteamericanos sin resultados tangibles ante la habilidad de la Guardia Revolucionaria.
En respuesta, Trump defendió su política de «presión decidida» y sanciones, argumentando que está tomando medidas que otros presidentes omitieron por décadas. El republicano recalcó que la seguridad internacional no admite concesiones y que la línea diplomática que busca Berlín solo beneficia al régimen iraní. Las diferencias entre ambos líderes subrayan una fractura en la alianza trasatlántica, con una Europa que, en voz de Merz, reclama mayor autonomía e iniciativas propias ante un conflicto que no parece tener la resolución rápida que inicialmente se proyectó.
A pesar de la tensa relación, Alemania ha ofrecido el envío de dragaminas para ayudar a restaurar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, afectado por la inseguridad y la presencia de minas. No obstante, Merz insistió en que su gobierno mantiene un profundo escepticismo sobre la eficacia de la intervención actual, revelando que los socios europeos no fueron consultados antes del inicio de los ataques. Mientras Trump mantiene su apuesta por la fuerza y el aislamiento económico de Irán, el canciller alemán promueve una salida negociada que evite un estancamiento militar de consecuencias impredecibles para la economía global.