El gobierno de Cuba apeló a la legalidad internacional y advirtió que cualquier intento de invasión militar por parte de Estados Unidos enfrentará una resistencia asimétrica bajo la estrategia de la «Guerra de todo el pueblo». Tras las amenazas de Donald Trump de tomar el control de la isla «casi de inmediato», el presidente Miguel Díaz-Canel calificó las declaraciones como una agresión a escala peligrosa y sin precedentes, asegurando que ningún agresor encontrará rendición en territorio cubano. La Habana sostiene que Washington busca satisfacer a las élites del sur de Florida con ansias de revancha, mientras que el canciller Bruno Rodríguez afirmó que el respaldo masivo del Primero de Mayo es la prueba de que el pueblo no se deja amedrentar.
De forma paralela a la retórica bélica, Washington asestó un nuevo golpe económico mediante una orden ejecutiva que bloquea los activos de cualquier empresa o individuo, sin importar su nacionalidad, que mantenga lazos comerciales con sectores clave como energía, defensa y finanzas en la isla. Esta presión se suma a un bloqueo petrolero que mantiene la economía cubana paralizada y al rechazo del Senado estadounidense de limitar las facultades militares de Trump sobre La Habana. Con el antecedente de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, el régimen cubano refuerza su postura de soberanía, advirtiendo que, a diferencia de otros escenarios, en la isla «no habrá sorpresa ni derrota» frente al despliegue naval que se avecina.