El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que tras concluir sus acciones militares en Irán, ordenará el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln frente a las costas de Cuba para forzar la rendición inmediata del régimen. Durante un evento privado en West Palm Beach, el mandatario afirmó en tono desafiante que «tomará el control» de la isla de forma casi instantánea, posicionando la fuerza naval a escasos 90 metros de la costa para obligar a las autoridades cubanas a deponer el poder. Esta retórica bélica marca una escalada sin precedentes en la relación bilateral, bajo la premisa de que Washington no tolerará más la presencia de inteligencia enemiga a 90 millas de su territorio.

Acompañando la amenaza militar, la administración Trump activó un agresivo paquete de sanciones que bloquea totalmente los activos de cualquier empresa o persona, nacional o extranjera, que mantenga negocios con sectores estratégicos de Cuba como energía, minería y finanzas. El secretario de Estado, Marco Rubio, respaldó la postura presidencial acusando a La Habana de servir como base para adversarios de Estados Unidos, mientras que en el Senado, el bloque republicano logró frenar cualquier intento legislativo por restringir las facultades de Trump para ordenar operaciones militares contra la isla. El mensaje de la Casa Blanca es de asfixia total, combinando la presión económica extrema con la advertencia directa de una intervención naval inminente.

Por moneroVB