La Organización Mundial de la Salud (OMS) activó una búsqueda contrarreloj para localizar a los pasajeros de un vuelo comercial que conectó la isla de Santa Elena con Johannesburgo, luego de confirmarse que una turista neerlandesa falleció víctima de hantavirus tras realizar ese trayecto.
El foco infeccioso se originó en el crucero MV Hondius, que zarpó de Ushuaia, Argentina, y actualmente se encuentra anclado frente a Cabo Verde con 147 personas a bordo, sumando hasta el momento tres defunciones y varios casos bajo vigilancia médica.
El balance epidemiológico oficial registra dos casos confirmados por laboratorio y cinco sospechosos, de los cuales un paciente permanece en estado crítico en Sudáfrica y tres más presentan sintomatología leve mientras cumplen aislamiento en el navío. La crisis sanitaria inició desde el pasado 6 de abril, cuando un hombre de 70 años presentó los primeros síntomas a bordo y falleció días después; sin embargo, fue la muerte de su esposa el 26 de abril lo que disparó las alarmas internacionales al confirmarse el diagnóstico positivo de esta enfermedad respiratoria grave.
Ante el riesgo de propagación, las autoridades de Cabo Verde rechazaron el atraque del buque en el puerto de Praia, lo que ha forzado a la operadora Oceanwide Expeditions a buscar alternativas para el desembarco y tratamiento de los afectados. En este momento, las Islas Canarias en España se perfilan como el destino probable para recibir la embarcación, mientras equipos médicos evalúan las condiciones de seguridad sanitaria necesarias para evitar un contagio mayor en territorio europeo.
La incertidumbre sobre el origen exacto del brote y la ruta de dispersión mantiene en vilo a las autoridades sanitarias de tres continentes, debido a la alta letalidad de la afección. Mientras se aplican protocolos de aislamiento estricto en el MV Hondius, la prioridad absoluta de la OMS radica en interceptar a los contactos del vuelo hacia Sudáfrica para contener una posible cadena de transmisión fuera del entorno marítimo, evidenciando una vez más la vulnerabilidad de las rutas turísticas ante patógenos emergentes.