H. Cd. de Chihuahua.- La periodista deportiva y creadora de contenido, Montserrat Gómez, habló abiertamente sobre el incómodo y violento momento que vivió al finalizar el partido inaugural de la Copa del Mundo entre las selecciones de México y Sudáfrica. La comunicadora detalló cómo un aficionado interrumpió abruptamente su labor informativa y vulneró por completo su espacio personal al abordarla por la espalda, colocar su mano en la cintura y jalarla de forma violenta sin su consentimiento. A pesar de la claridad de la agresión física, la reportera denunció una preocupante oleada de revictimización en las plataformas digitales, donde diversos usuarios han pretendido culparla por el tipo de vestimenta que portaba durante la transmisión en vivo o argumentan de manera retrógrada que debió quedarse en su hogar si pretendía evitar este tipo de conductas.

El impacto de este lamentable suceso terminó por empañar el arranque de la máxima justa mundialista en la capital del país, desnudando la persistente hostilidad y la violencia de género que enfrentan las mujeres en las coberturas de campo. La situación evidencia cómo la euforia futbolística suele ser utilizada como un burdo pretexto para normalizar el acoso físico, cobijando a agresores que se amparan en el anonimato de las masas para delinquir de forma impune. Ante este escenario, la agresión obliga a los medios de comunicación y a los comités organizadores a replantear con urgencia los protocolos institucionales y las garantías mínimas de seguridad para sus trabajadoras, asegurando que el libre ejercicio del periodismo no se condicione al riesgo de sufrir agresiones sexuales.

Por moneroVB