Por Tony Vargas
La campaña de odio y desprestigio que el PAN ha emprendido en Chihuahua ya raya en lo mezquino. Y no lo digo por intentar defender a Morena; no quiero ni necesito hacerlo, pues soy plenamente consciente de sus agravios y del daño que le han hecho al país al debilitar y desaparecer instituciones clave como el INAI, la Cofece, el IFT, el Coneval o la CRE. Así que no pretendo hacer una defensa del gobierno federal, como tampoco suelo hacerla del estatal, pero sí quiero señalar que la estrategia del partido blanquiazul no abona en nada a la gobernanza ni al estado de derecho que buscamos.
Los ataques a través de espectaculares comenzaron comparando textualmente a Morena con la muerte bajo la frase «Morena y muerte es lo mismo». Luego de que una resolución del INE les ordenó bajarlos, reaccionaron como niños cuando hacen berrinche y subieron nuevos anuncios con una frase más amable pero con el mismo trasfondo: «Arráncame la vida y Morena son lo mismo».
Lo peor es que el partido que paga esta propaganda presume un sinfín de avances en seguridad, cuando las cifras oficiales del INEGI muestran que Chihuahua se mantiene de forma constante en el top cinco nacional con mayor gravedad de homicidios por cada cien mil habitantes, compitiendo con estados como Guanajuato, Colima, Baja California y Morelos.
A pesar de ser el estado más grande y no el más poblado, Chihuahua sigue desde hace años en los primeros lugares de violencia, lo que evidencia que no siempre se hacen los mayores esfuerzos por bajar la criminalidad; sin embargo, con esas muertes lucran contra el partido oficialista. Sé que no es un problema sencillo ni de manual, pero la clave está en la cooperación eficaz y correcta entre los tres niveles de gobierno para ganarle la batalla al narco, algo que no entienden quienes prefieren la confrontación antes que la coordinación.
Esa misma cerrazón se vio cuando comenzó esta batalla con el mensaje «IMSS y nada son lo mismo», una frase que indignó profundamente al personal de salud y a los miles de trabajadores del instituto que día a día se parten el lomo trabajando con carencias, sobrepoblación y falta de medicamentos para sacar adelante a los pacientes. Pese a todo, es su trabajo el que se pone en tela de juicio. Además, el servicio médico estatal tampoco es excelente: aunque lo vendan como la panacea de la salud a nivel nacional, la realidad es que las citas escasean, faltan medicinas, los equipos de estudio no sirven y los familiares terminan costeando de su bolsillo los insumos de los pacientes en piso, una situación equiparable a lo que ocurre en el IMSS.
Los chihuahuenses ya estamos muy hartos de tanto espectacular. Llevamos meses invadidos con las caras de los aspirantes en sus contiendas internas y ahora nos saturan con estos mensajes negativos.
Sería mucho mejor que ese recurso se utilizara para mejorar los hospitales o para difundir propuestas positivas, en lugar de meternos a todos en este pleito inacabable de discursos que polariza nuestros trabajos, hogares y relaciones. Y lo peor del caso es que esto formalmente aún no arranca, así que a aguantar vara, que todavía le falta mucho.