Por.- Juan Gonzalez

En cualquier debate o contra posición de ideas respecto a cualquier tema político, social, económico o de cualquier índole, siempre lleva dentro de si la opinión de quienes desea generar argumentos a favor o en su caso desvirtuar la tesis del otro, en su caso los argumentos vertidos por una persona en un debate emanen del conocimiento, experiencia, ideología o contexto social en el que se ha visto inmerso.

Una contraposición de ideas no siempre busca otorgarle la razón a una parte, sino el fortalecer conocimiento, entender la posición del otro y crear criterios específicos de diversos temas, sin embargo, hay debates que no están sujetos a interpretaciones subjetivas o personales, si no a datos duros cuantitativos, mismos datos nos pueden servir para comprobar la eficacia, efectividad, productividad y realizar mediciones sobre un punto en concreto.

Los datos cuantitativos sirven como guía, lo que no se mide no se mejora, en caso concreto la medición de parámetros en la función pública es necesaria e indispensable, con los datos cuantitativos se pueden generar estrategias para la creación de políticas públicas efectivas o en su caso la modificación, remoción, o ajuste de medidas ya tomadas para lograr un fin en específico.

Dentro de este texto no busco profundizar sobre tecnicismos de la planeación estratégica, mediciones, indicadores o parámetros de gobierno, si no comprobar que en política las palabras podrán convencer, sin embargo, sin sustento se quedan simplemente en eso; en palabras, caso concreto la presidenta Sheinbaum durante su último informe de gobierno, manifestó que la educación en México ha tenido mejoras en infraestructura y planes educativos que benefician los jóvenes de nuestro país.

Pero como lo comenté, las palabras son palabras, dado que se publicó la prueba PISA, un examen internacional de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que mide los conocimientos de los jóvenes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencia, los resultados en nuestro país fueron los siguientes: Caída en puntajes: Los resultados publicados muestran un retroceso en matemáticas (388 puntos, 7 menos que en 2022) y lectura (408 puntos), mientras que ciencias se mantuvo estable con 414 puntos, de igual manera México se ubicó en el puesto 64 de 91 países y economías evaluadas, reflejando un rezago profundo frente al promedio de los países de la OCDE y Solo 3 de cada 10 estudiantes alcanzaron el nivel básico en matemáticas, y apenas un 50% lo logró en ciencias y lectura.

Hoy, con datos cuantitativos, podemos afirmar que el discurso de éxito educativo del gobierno merece ser contrastado con la realidad que muestran los indicadores, aunque los discursos pretendan hacer creer otra verdad la realidad es que vamos en un retroceso educativo en el cual no me sorprende, la política educativa en nuestro país se basa en justificar a un secretario de educación que no tienen nada de especialidad con el tema educativo, pero si para hacer TikTok, un extremista como Max Arriaga que dirigió la publicación de libros de texto no con errores si no con “áreas de oportunidad” o el ridículo realizado en la mañanera a televisión nacional en donde cierta persona cantando y bailando demeritaba el esfuerzo educativo promoviendo la mediocridad o que decir de las escuelas del bienestar, sin agua y con un nivel deplorable educativo, pero si convenciendo a los jóvenes con becas, no de meritocracia si no de botín electoral.

Hoy, los datos cuantitativos ponen sobre la mesa una realidad que ningún discurso puede esconder: la educación en México no está donde debería estar.

Y si los resultados no corresponden con lo que se presume desde el poder, entonces no estamos frente a un problema de percepción, sino frente a una política pública que debe revisarse.

Porque gobernar también significa reconocer cuando algo no funciona.

 

 

Por MoneroMx