La administración de Donald Trump sumó una nueva sacudida a la cúpula militar de Estados Unidos tras la renuncia repentina del secretario de la Marina, John Phelan. El Pentágono anunció que la salida tiene efecto inmediato, pero evitó ofrecer explicaciones sobre los motivos detrás de este movimiento. En su lugar, el subsecretario Hung Cao asumirá el cargo de forma interina, marcando otro relevo abrupto en un año donde la Casa Blanca ha forzado la salida de figuras clave como el general Charles Brown, jefe del Estado Mayor Conjunto, y los líderes de la Armada, la Guardia Costera y la Agencia de Seguridad Nacional.

Este éxodo de altos mandos no tiene precedentes recientes y ha sido defendido por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, como una reorganización necesaria para alinear a las Fuerzas Armadas con las prioridades presidenciales. Bajo esta lógica, se ordenó una reducción del 20% en el número de generales y almirantes de cuatro estrellas, con el fin de «adelgazar la burocracia militar». Sin embargo, la oposición demócrata y diversos analistas en Washington denuncian una peligrosa politización del ejército que erosiona su tradición de neutralidad, advirtiendo que la pérdida de experiencia operativa ocurre en un momento crítico de tensiones globales con potencias como China, Rusia e Irán.

La inestabilidad en puestos estratégicos del Pentágono ha generado incertidumbre entre los aliados de la OTAN, quienes ven con preocupación la rotación constante de los interlocutores militares estadounidenses. Mientras la administración Trump insiste en agilizar la cadena de mando, los críticos sostienen que estas purgas debilitan la estructura de defensa nacional y complican la coordinación en conflictos activos. La salida de Phelan es el capítulo más reciente de una serie de ceses y jubilaciones anticipadas que han reconfigurado por completo la jerarquía militar de la potencia norteamericana en poco más de doce meses.

Por moneroVB