La activista iraní y Premio Nobel de la Paz, Narges Mohammadi, se encuentra en una situación de salud extrema tras nueve días de hospitalización en Zanjan, al noroeste de Irán. Su esposo, Taghi Rahmani, denunció que la presión arterial de la defensora de derechos humanos se ha desplomado a niveles de 90/40, dejándola en un estado de debilidad tal que incluso el habla le resulta casi imposible. A pesar de padecer una angina vasoespástica que le provoca intensos dolores de pecho, el régimen iraní se ha negado sistemáticamente a autorizar su traslado urgente a un hospital especializado en Teherán, manteniendo una política de hostilidad que su familia califica como una sentencia de muerte lenta.

El deterioro de Mohammadi es la culminación de años de persecución judicial y física; apenas en febrero inició una huelga de hambre para protestar contra las inhumanas condiciones de su encierro tras ser arrestada nuevamente a finales de 2024. Mientras la Unión Europea se declara «profundamente alarmada» y exige su liberación inmediata e incondicional bajo el argumento de que sus cargos se basan únicamente en la defensa pacífica de los derechos fundamentales, Teherán responde con nuevas condenas de destierro y restricciones de viaje. La comunidad internacional observa con impotencia cómo la vida de una de las voces más potentes contra la opresión en Irán se apaga en una cama de hospital custodiada, evidenciando el nulo respeto del país por sus obligaciones internacionales de salud y humanidad.

Por moneroVB