El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, lanzó una nueva advertencia contra Estados Unidos al asegurar que sus fuerzas armadas están listas para infligir una «lección» ante cualquier agresión. El mensaje, difundido a través de sus redes sociales, incluyó la sentencia de que las tropas estadounidenses se llevarán una sorpresa si intentan una acción militar. Esta escalada verbal ocurre horas después de que el presidente Donald Trump calificara como «totalmente inaceptable» la contrapropuesta enviada por Teherán, afirmando que el alto el fuego en Medio Oriente se encuentra en «soporte vital» y al borde del colapso definitivo.
La tensión se centra en las exigencias de Irán, que condiciona la paz al levantamiento de sanciones económicas, el fin del bloqueo naval y el descongelamiento de activos retenidos en el extranjero. Aunque Teherán sostiene que solo pide sus «derechos legítimos», Washington y sus aliados, especialmente Israel, mantienen el foco en el programa nuclear iraní. Mientras el primer ministro Benjamín Netanyahu insiste en que el conflicto no terminará hasta neutralizar las instalaciones atómicas de Irán, reportes internacionales indican que el régimen persa habría ofrecido diluir parte de su uranio enriquecido, propuesta que no fue suficiente para destrabar las negociaciones.
El impacto de este estancamiento diplomático ha sacudido de inmediato los mercados energéticos globales, debido a las restricciones que Irán mantiene sobre el Estrecho de Ormuz, por donde circula el 20 por ciento del petróleo mundial. Amin Nasser, director de la petrolera Aramco, advirtió que el mundo enfrenta el mayor shock de suministro energético de la historia, señalando que la estabilización del mercado podría tardar meses incluso si se reabre la ruta marítima de inmediato. La parálisis en este corredor no solo afecta el combustible, sino que amenaza con desatar una crisis logística de proporciones inéditas en el comercio internacional.
A la par de la crisis energética, la ONU ha alertado sobre una inminente emergencia humanitaria que podría empujar a 45 millones de personas al hambre debido a la interrupción en el transporte de fertilizantes y productos básicos desde el Golfo. La combinación de amenazas militares, el endurecimiento de la postura de la Casa Blanca y el riesgo de una parálisis comercial total en el Golfo Pérsico ha puesto a la comunidad internacional en estado de máxima alerta. Con el alto el fuego pendiendo de un hilo, el escenario en el estrecho de Ormuz se consolida como el epicentro de una crisis que amenaza con trascender lo regional para convertirse en un desastre económico y humanitario global.