A cuatro años del asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar en Cerocahui, el vicario general de la Diócesis y párroco de Ciudad Madera, Omar Enrique Antillón Antillón, lamentó la persistente situación de inseguridad que se vive en la región serrana.
El líder religioso manifestó que a pesar del tiempo transcurrido desde la tragedia que conmocionó a la comunidad internacional, las condiciones de violencia y el temor entre los habitantes de las diversas comunidades de la Sierra Tarahumara no han cesado, manteniendo una atmósfera de vulnerabilidad para las familias y los propios miembros de la Iglesia que ejercen su labor pastoral en la zona.
El párroco chihuahuense externó que el recuerdo de los sacerdotes asesinados permanece vivo como un símbolo de exigencia de justicia y paz duradera para las regiones más apartadas de la entidad.
Puntualizó que la Iglesia Católica continuará alzando la voz de manera pacífica pero firme para demandar estrategias de seguridad efectivas que vayan más allá de la presencia temporal de las corporaciones, enfocándose en una reconstrucción integral del tejido social. Concluyó señalando que la verdadera justicia para Cerocahui y todo el estado se alcanzará cuando las familias puedan vivir sin el temor constante de la violencia organizada y se garantice el respeto pleno a los derechos humanos de las comunidades originarias.