El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, sostuvo este jueves una audiencia privada con el Papa León XIV en la Santa Sede, en un encuentro estratégico que buscó distender la relación bilateral tras las recientes críticas de la administración Trump hacia el Vaticano. Durante una conversación de 45 minutos calificada como «amistosa», ambos líderes abordaron la urgencia de establecer una paz duradera en Oriente Medio y revisaron las crisis humanitarias que afectan al continente americano. La visita del jefe de la diplomacia estadounidense marca el primer acercamiento de alto nivel con el pontífice en casi un año, subrayando un compromiso compartido por la dignidad humana pese a las diferencias políticas previas.

Rubio, quien también se reunió con el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, hizo énfasis en la solidez de la alianza para defender la libertad religiosa a nivel global. Un punto clave de la agenda fue la situación en Cuba, tema en el que Rubio ha mantenido una postura de máxima presión, mientras que la Santa Sede ha intentado fungir como mediador diplomático. La reunión cobra especial relevancia dado el origen latinoamericano de León XIV —quien fue misionero en Perú— y la identidad católica del propio Rubio, factores que facilitaron un diálogo fluido sobre los desafíos sociales en la región.

El Departamento de Estado destacó que el intercambio dio fe de una «asociación constante» entre Washington y el Vaticano, enfocada en iniciativas de paz en zonas de conflicto como Líbano y Gaza. Por su parte, la Santa Sede mantuvo su habitual hermetismo sobre los detalles de la charla a puerta cerrada, aunque fuentes diplomáticas señalaron que la disposición al diálogo fue total por ambas partes. Este encuentro ocurre a un año de la histórica elección de León XIV, el primer pontífice estadounidense, cuya gestión ha estado marcada por un activismo antibélico que ha generado roces, pero también puentes con la Casa Blanca.

Al finalizar la jornada de dos horas y media en el palacio apostólico, Rubio reafirmó la importancia de la Santa Sede como un interlocutor moral y político imprescindible en la escena internacional. Con este gesto, la administración Trump intenta suavizar su retórica para colaborar en la gestión de flujos migratorios y ayuda humanitaria en América Latina, reconociendo el liderazgo del Papa en temas de justicia social. El «reinicio» de la relación diplomática queda ahora pendiente de acciones concretas en los conflictos de Oriente Medio, donde ambos estados buscan ejercer una influencia decisiva para detener la violencia.

Por moneroVB