Una organización protransparencia instaló en Nueva York una biblioteca temporal masiva que reúne 3.5 millones de páginas de documentos judiciales y archivos públicos relacionados con Jeffrey Epstein, enfocando la muestra en su histórica relación con el presidente Donald Trump. Bajo el nombre de “Sala de lectura conmemorativa Donald J. Trump y Jeffrey Epstein”, el Institute for Primary Facts organizó esta exposición que busca presionar por una mayor rendición de cuentas y exponer cómo operan las redes de poder y corrupción en Estados Unidos. La instalación cuenta con más de 3 mil volúmenes que detallan el vínculo entre ambos personajes durante la década de los noventa, cuando compartían círculos de élite en Nueva York y Florida.
A pesar de que el presidente Trump ha sostenido reiteradamente que rompió lazos con el financiero mucho antes de sus procesos legales, la muestra presenta una línea de tiempo exhaustiva que contradice la narrativa oficial de distanciamiento. David Garrett, impulsor del proyecto, señaló que la intención es suscitar la indignación pública ante la evidencia impresa y encuadernada, utilizando este «museo temporal» como una herramienta educativa sobre el abuso de poder. La biblioteca permanecerá abierta hasta el 21 de mayo, aunque el acceso directo a los expedientes está restringido a profesionales acreditados para proteger la identidad de las víctimas cuyos nombres aún figuran sin censura en los archivos.
La exposición incluye un memorial simbólico donde los visitantes, entre veladoras y cortinas, han dejado mensajes de protesta exigiendo la publicación total de los archivos y criticando severamente la permanencia del mandatario en su cargo. “La verdad es difícil de negar cuando está impresa”, reza uno de los lemas de la muestra, que también destaca la persistente controversia sobre las redes de protección política que permitieron a Epstein operar durante años. El memorial se ha convertido en un espacio de catarsis para quienes consideran que la sociedad estadounidense aún tiene una deuda pendiente con las víctimas del delincuente sexual fallecido en 2019.
Este esfuerzo mediático y documental ocurre en un momento de renovada atención sobre el caso, que sigue salpicando a figuras influyentes de la política y las finanzas a nivel global. Los organizadores esperan que la acumulación física de documentos sirva como un testimonio innegable de la corrupción, forzando un debate público que la Casa Blanca ha intentado evitar. Mientras tanto, las visitas requieren registro previo, lo que no ha impedido que la instalación se convierta en un foco de atención mediática internacional en el corazón de Manhattan.