Sarah Mullally fue entronizada este miércoles como la primera mujer líder espiritual de la Iglesia anglicana en la Catedral de Canterbury, Inglaterra. La exenfermera oncológica de 63 años prestó juramento ante una audiencia de 2 mil personas, incluidos el primer ministro Keir Starmer y los príncipes de Gales, marcando un hito tras una línea de 105 antecesores varones en el cargo.

Mullally llega para suceder a Justin Welby, quien dimitió en noviembre de 2024 tras verse envuelto en el escándalo por la mala gestión de agresiones físicas y sexuales dentro de la institución. Con este acto, la nueva arzobispa inicia formalmente su ministerio público como jefa de la Iglesia de Inglaterra y líder de la Comunión Anglicana mundial, una asociación que agrupa a más de 100 millones de miembros en 165 países.

El ascenso de Mullally no es solo un cambio de rostro, sino un desafío a las profundas divisiones internas de una fe que permitió el episcopado femenino apenas en 2014. Mientras que en Reino Unido se celebra como un avance hacia la modernidad, sectores conservadores, especialmente arzobispos en África, han criticado fuertemente su nombramiento, lo que pone a prueba la cohesión de una estructura religiosa que nació de la ruptura de Enrique VIII con el catolicismo en el siglo XVI.

La nueva líder espiritual hereda una Iglesia que busca reconciliarse con su pasado y derribar los muros que dividen a sus fieles a nivel global. El mensaje de Mullally de ser una «pastora para todas las tradiciones» choca directamente con la resistencia de las facciones más tradicionales, dejando claro que su gestión estará marcada por la lucha entre la apertura institucional y el riesgo de una fractura definitiva en la comunión anglicana.

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Por moneroVB