Bajo la sombra de conflictos globales que no dan tregua, el papa León XIV encabezó su primera celebración de Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro, lanzando un mensaje tajante contra la justificación religiosa de la violencia. Ante decenas de miles de fieles, el primer pontífice estadounidense en la historia exhortó a las potencias a detener el fuego, asegurando que Dios rechaza las oraciones de quienes promueven la guerra. Sus palabras resonaron con especial gravedad en el marco del segundo mes del conflicto entre la coalición liderada por Estados Unidos e Israel contra Irán, así como la persistente invasión rusa en Ucrania.

El mensaje de paz del nacido Robert Prevost no se limitó a la homilía; tras el rezo del Ángelus, el Papa denunció la situación «atroz» que viven los cristianos en Oriente Medio. La tensión escaló luego de que el Patriarcado Latino de Jerusalén informara que la policía israelí impidió el acceso de líderes católicos al Santo Sepulcro, un hecho calificado por el Vaticano como un «grave precedente». León XIV subrayó que el sacrificio de Cristo representa el rostro manso de un Dios que se deja clavar en la cruz antes que empuñar un arma, invalidando cualquier intento de utilizar la fe para alimentar el odio bélico.

Esta Semana Santa marca un cambio de estilo en el Vaticano; a diferencia de su predecesor Francisco, León XIV devolverá la misa del Jueves Santo a la Basílica de San Juan de Letrán, retomando la solemnidad tradicional del rito. Durante la jornada, el pontífice también elevó oraciones por los migrantes fallecidos frente a las costas de Creta y por los marineros víctimas de ataques en altamar. Con este inicio de los días santos, el nuevo Papa busca posicionar a la Iglesia como un mediador moral que no solo lamenta las víctimas, sino que confronta directamente a quienes ostentan el poder de detener la maquinaria de guerra.

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Por moneroVB