Y aquí hay que precisar datos reales: según las estimaciones de la propia Embajada de Estados Unidos, apenas un porcentaje menor de la población mexicana cuenta con una visa de turista vigente. Es decir, la gran mayoría de los mexicanos no tiene este documento. No todas las personas tienen acceso a él, y a muchas otras ni siquiera les interesa tenerlo. El no contar con dicho documento no nos hace peores personas; tener visa no es sinónimo de ser alguien de bien.
Por eso, el hecho de que se quieran utilizar este tipo de comentarios para denostar, para calificar la moralidad del rival político o para hacerlo menos, me parece algo bajo. Siento que no abona en nada. Al ciudadano de a pie, al que sale a jalar todos los días y al que apenas le alcanza el sueldo, la realidad es que no siempre tiene para iniciar el trámite de una visa, y no por eso se le puede etiquetar como un criminal. Además, está la realidad de lo que vivimos aquí en Chihuahua. Todos sabemos que Estados Unidos tiene regulaciones extremadamente estrictas y que, por cuestiones muy menores o detalles pequeños, cualquiera puede llegar a sufrir el retiro de este documento. Y recuperarlo, o simplemente sacarlo por primera vez, toma sus protocolos y sus tiempos. Es un proceso difícil, complicado y aparte caro, porque implica el traslado a la frontera, sacar citas con mucha antelación y absorber los costos propios que conlleva todo el trámite. Así que no, no tengo visa, pero no soy delincuente, señores.